EL GRAN MISTERIO

Santísima Trinidad

El misterio de la Santísima Trinidad es el gran misterio: un solo Dios en tres Personas.  Y es un misterio grande pues se refiere a lo que Dios es, es decir, a la esencia misma de Dios.  Pero es grande también por lo imposible de entender y de captar.  ¡Ni hablar de tratar de explicarlo!  Es que es una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales del ser humano.

Cuéntase que mientras San Agustín se encontraba en la playa preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, se distrae con un niño que está tratando de vaciar agua del mar en un hoyito que había hecho en la arena.  Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito.  Pero el Santo le dijo:  “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!”  Y el Niño le replicó:  “No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad”. Y con estas palabras el Niño desapareció.

Así es nuestro intelecto:  tan limitado como ese hoyito abierto en la arena para tratar de contener el agua del mar.  Aunque creamos lo contrario, los humanos somos bien insuficientes a nivel intelectual cuando se trata de explicar verdades infinitas como el misterio Trinitario.

Sin embargo, lo importante de este misterio no es explicarlo, sino vivirlo.  Pero … ¿no será esto más difícil aún?  Como que no.  Porque aquí en la tierra podemos participar de la vida de Dios Trinitario, no totalmente -por supuesto- pero sí de una manera velada, incompleta.  Pero en el Cielo sí vamos a poder vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios cara a cara, tal cual es (1 Cor 13, 12).

En efecto, el propósito de nuestra existencia no es esta vida de aquí abajo.  Fuimos hechos para la unión con Dios en el Cielo.  Pero ¡ánimo! porque desde aquí en la tierra podemos comenzar a estar unidos a la Santísima Trinidad y a ser habitados por Ésta.  ¿Será posible?  Bueno, Jesucristo nos lo dijo:  “Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”  (Jn.14, 23).

Aunque las Tres Divinas Personas son inseparables y actúan conjuntamente, al Padre le atribuimos la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la Santificación.  ¿Santificación?  ¿De quién?  Pues de todos nosotros.  En realidad, el Espíritu Santo nos va santificando, porque nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo.  ¡Claro! Si lo dejamos hacer esto.  ¿Y qué hace el Hijo?  Jesús  nos va mostrado el Padre y nos va llevando a El.  “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27).

Entonces … ¿Cómo podemos vivir el Misterio de la Santísima Trinidad desde aquí en la tierra?  “Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios ... Y si somos hijos de Dios también somos herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rm. 8, 14-17).  La clave está en dejarnos guiar por el Espíritu Santo.  Es decir, siendo perceptivos, dóciles y obedientes a lo que el Espíritu Santo nos va inspirando. Y sabemos que las inspiraciones vienen del Espíritu Santo cuando que nos llevan a buscar la Voluntad de Dios ¡y a cumplirla!  El Espíritu Santo nos irá haciendo semejantes al Hijo.  (De nuevo:  si Lo dejamos).  El Hijo nos dará a conocer al Padre y así seremos herederos con Cristo, y seremos glorificados junto con Él.” (Rom 8, 17)

De esta manera podemos vivir en la tierra este misterio de la unión con Dios.  Eso es precisamente lo que significa esa oración trinitaria con que comenzamos cada Misa:  La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos vosotros.

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