CORDEROS ENTRE LOBOS

Como “como corderos en medio de lobos”, envió Jesús a sus discípulos a evangelizar (cf. Lc. 10, 1-20). Frase fuerte, ¿no? Hoy hay lobos feroces también. Así y todo, hay que evangelizar.

Y ¿qué es evangelizar en esta cultura de hoy? Es rescatar a esas ovejas que están perdidas en tantos errores convertidos en “verdades”, pero que siguen siendo errores y falsedades.

¿Ejemplos? La extendida creencia en ese mito mentiroso y peligroso que es la re-encarnación. La creencia de que Dios es una especie de spray que está por todos lados y que no se sabe qué es, y menos aún Quién es. Y mucha gente cree en ese dios difuso que supuestamente es “energía”. Pero creen que “energía” también es ese flujo que se puede modificar si colocamos los muebles de la casa de una u otra forma para poder “armonizar” y tener una mejor vida. Y así podríamos seguir nombrando supersticiones, engaños, patrañas, que nos alejan de la verdad y del verdadero Dios.

Estos son errores contra la fe. Y contra la moral ¿en qué situación estamos? Nos basta ver los resultados: hogares rotos con su estela interminable de problemas, violencia y crímenes por todos lados, corrupción rampante, violación de los derechos más básicos, lo que antes era bueno ahora es malo y lo malo ahora es bueno…

Y lo que antes era cierto, ahora es lo que uno quiera que sea. ¡Tremenda confusión! Si quiero ser mujer, aunque sea en realidad hombre, pues puedo ser lo que se me ocurra o lo que me provoque. La “dictadura del relativismo”. Y no sólo en cuanto al género y en cuanto al concepto de familia, sino en lo que sea.

¿Qué hacer, entonces? Igual que los discípulos que Jesús envió como corderos en medio de lobos”, debemos confiar no en nuestra propia fuerza, sino en el poder de Dios (del verdadero Dios, ¡no del dios spray!).

¿Y qué le sucedió a los discípulos? Estaban ¡impresionados! de lo que había sucedido. Llegaron diciéndole a Jesús: “Señor, ¡hasta los demonios se nos someten en tu nombre!”. Es decir, el lobo y los lobos, se sometieron a los corderos.

¿Cómo hacer? Convertirnos en instrumentos de Dios. Confiar que Dios puede realizar prodigios a través de “corderos”, a pesar de los “lobos”.

¡Pero es que yo no sé Teología! Cierto que no podemos quedarnos con lo que aprendimos para la Primera Comunión. Pero no hay que ser teólogos para evangelizar. Debemos, sí, prepararnos un poquito cada día, leyendo la Sagrada Escritura, el Catecismo de la Iglesia Católica, libros, revistas y sitios web de formación católica, etc., pues hay que estar preparados para defender la Verdad que es Cristo.

Pero lo más importante es llevar al Señor en nosotros y que así el Señor llegue a los demás. De allí que –primero que nada- debemos llenarnos de El. ¿Y cómo nos llenamos de El? En la oración, en la oración frecuente y constante. En los Sacramentos, en la recepción de los Sacramentos también frecuente y constante. La oración y los Sacramentos nos van haciendo instrumentos dóciles en las manos del Señor, para que El pueda actuar a través de nosotros.

No hay Evangelización, si no hay vida de Dios en nosotros. La Evangelización –aunque nos preparemos con los conocimientos adecuados- se basa en tener confianza en Dios, y no en confiar en nosotros mismos.

¡Cómo vamos a confiar en nosotros mismos si nos dice el Señor que vamos “como corderos en medio de lobos”!

 

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