Retiros Católicos

RETIRO CUARESMA


VOLUNTAD DE DIOS


.       ¿Qué es amar a Dios?

Amar a Dios es complacer a Dios.  Si no, ¿qué significan estas palabras del Señor?  “Si me aman, cumplirán mis mandamientos.” (Jn. 14, 15-24).

Aquí Jesús nos está mostrando las exigencias del Amor de Dios.  Amar a Dios es complacerlo en todo:  en hacer su Voluntad, en cumplir sus mandamientos, en guardar sus palabras.

Amar a Dios es, además, amarlo sobre todas las personas y sobre todas las cosas; amarlo a El, primero que nadie y primero que todo ... y amarlo con todo el corazón y con toda el alma.

 “Así pues, aprendamos a amar en todo momento, como deberíamos amar:  a Dios sobre todas las cosas y a todas las otras cosas por Él.  Porque cada amor que no nos lleva a este fin, es decir, a la voluntad de Dios es un amor vano y estéril. Todo amor que dirigimos a un ser creado y que debilita nuestro amor hacia Dios, es un amor detestable y un obstáculo en nuestro camino hacia el cielo”.  (Santo Tomás Moro, Tratado sobre la Pasión).

Y el camino de salvación consiste en ir haciendo que mi voluntad se una a la Voluntad de Dios.  Es la “unión de voluntades” que refiere Santa Teresa de Jesús. 

Para amar a Dios hay que ADORARLO
en la oración y en los hechos:
reconocerlo como nuestro Creador y nuestro Dueño,
rindiéndonos a su Voluntad.

.       Algunas citas bíblicas sobre la Voluntad de Dios;

Aquí estoy para hacer tu Voluntad (Sal 40, 8-9)

Hágase tu Voluntad (Mt 6, 10)

Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad de Aquél que me ha enviado y llevar a cabo su obra». (Jn 4, 34)

Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren hablar contigo.»  Pero Jesús dijo al que le daba el recado: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»  E indicando con la mano a sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Tomen a cualquiera que cumpla la voluntad de mi Padre de los Cielos, y ése es para mí un hermano, una hermana o una madre.» (Mt 12, 47-50)

«No se haga mi voluntad sino la tuya» (Lc 22,42).

.       ¿Cómo iniciar ese camino de amar a Dios de veras, dándolo todo?

El amor a Dios requiere un primer “sí” definitivo: rendirnos ante El, darle un “cheque en blanco”. 

Y ese “sí” inicial tiene que irse repitiendo a lo largo de nuestra vida. 

Como el “sí” de María en la Anunciación, el cual repitió a lo largo de su vida, hasta en la Cruz.  Es lo que llamamos tener perseverancia. 

Y Dios nos hace saber que el camino no es fácil.  El no nos engaña.  No nos promete la felicidad perfecta en esta vida.  No nos dice que será un camino de pétalos de rosas.  Por el contrario nos advierte que será un camino de cruz:  “Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14, 27).  

Amar a Dios es hacer su Voluntad.

.       ¿Cómo saber cuál es la Voluntad de Dios para mí?

(Triángulo de la Voluntad de Dios)

1.     CUMPLIR LOS MANDAMIENTOS:

El cumplimiento de los Mandamientos incluye los 10 Mandamientos de la Ley de Dios y el mandamiento nuevo,que Jesús nos dejó del amor al prójimo de una manera más exigente que lo que se consideraba como amor al prójimo en el Antiguo Testamento. 

De ese mandamiento del amor a los demás, Jesús nos dio su ejemplo y su enseñanza.  Cuando nos dijo  ámense los unos a los otros como Yo los he amado (Jn. 13, 34), nos dio una orden y nos dijo hasta dónde debía llegar ese amor, pues El dio su vida por nosotros. 

Y, aunque dar la vida por otros es la medida máxima del amor, hay muchas otras exigencias intermedias del amor a los demás que Cristo nos indicó.

Lo que nos dice el Señor sobre el trato
a los enemigos:

Yo les digo a ustedes que me escuchan:
amen a sus enemigos: hagan el bien a los que los odian,
bendigan a los que los maldicen,
oren por los que los maltratan.
 
(Lc 6, 27-28)

El cumplimiento de los mandamientos
(los 10 y el nuevo) nos coloca
dentro de la ley de Dios. 

 

MEMORIZAR

LOS DIEZ MANDAMIENTOS
de la LEY DE DIOS

1º.  Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2º.  No tomarás el nombre de Dios en vano.
3º.  Santificarás las Fiestas.
4º.  Honrarás a padre y madre.
5º.  No matarás.
6º.  No cometerás actos impuros.
7º.  No robarás. 
8º. No darás falso testimonio ni mentirás.
9º. No consentirás pensamientos
ni deseos impuros.
10º.  No codiciarás los bienes ajenos.

Los Diez Mandamientos, los escritos en las Tablas de la Ley, pueden dividirse en dos grupos.

        .       los relacionados con Dios (1, 2 y 3) y
        .       los relacionados con el prójimo (los otros 7).  

Por cierto, así fueron escritos en las dos Tablas de la Ley:  3 en la izquierda y 7 en la derecha.

Y fueron escritos por el mismo Dios: 
        Yavé dijo a Moisés: «Sube a lo más alto del cerro y detente allí. Yo te daré unas tablas de piedra con la enseñanza y los mandamientos que tengo escritos en ellas, a fin de que los enseñes al pueblo.» (Ex 24, 12)

Cuando Dios terminó de hablar con Moisés en el monte Sinaí, le dio las dos tablas del Testimonio, escritas por el dedo de Dios. (Ex 31, 18)

.      ¿Cuál es el más importante de los Mandamientos?   Eso lo preguntó una vez a Jesús un maestro de la ley. 

MEMORIZAR texto y cita: 
Mt. 22, 37-39

“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. 
Este es el gran mandamiento,
el primero. 

Pero hay otro muy parecido:
 Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
(Mt. 22, 37-39)

 

MEMORIZAR

LOS CINCO MANDAMIENTOS
de la IGLESIA
1º.  Oír Misa entera los Domingos y fiestas de precepto.
2º. Confesarse al menos una vez al año,
o antes de comulgar si se está en pecado mortal,
o cuando hay peligro de muerte.
3º. Comulgar al menos una vez
al año.
4º.  Ayunar y abstenerse de carne
cuando lo mande la Iglesia.


Ayuno eclesiástico:  sólo agua entre comidas
y 2 comidas livianas = 1 comida fuerte
Días de Ayuno y Abstinencia:  
Miércoles de Ceniza y Viernes Santo.
Días de Abstinencia:  los Viernes de Cuaresma.
Días de Abstinencia o de
algún otro sacrificio:  
todos los Viernes del año.

Abstinencia de carne: mayores de 14 años
Ayuno: entre los 18 y los 60 años de edad, exceptuados enfermos.
Ayuno eclesiástico:  sólo agua entre comidas
y 2 comidas livianas = 1 comida fuerte
Días de Ayuno y Abstinencia:
Miércoles de Ceniza y Viernes Santo.
Días de Abstinencia:  los Viernes de Cuaresma.
Días de Abstinencia o de algún otro sacrificio:
todos los Viernes del año.

5º. Contribuir con el mantenimiento
de la Iglesia y de los Sacerdotes.

 

2.  ACEPTAR LO QUE DIOS PERMITE PARA NUESTRA VIDA:

Tomado de 4ª Señal de Salvación:
Confianza en la Divina Providencia
Aceptación cristiana del sufrimiento

Aunque los seres humanos no nos demos cuenta, y aunque a veces podamos experimentar perplejidad antes los designios de Dios, El en su Sabiduría y Bondad infinitas, cuida de todas las cosas, las ordena y las dirige hacia el fin para el cual las creó.

.       ¿Qué significa tener confianza en la Divina Providencia?

Tener confianza en la Divina Providencia, es confiar en que Dios es nuestro Creador, nuestro Padre, nuestro Dueño, y El está atento a todas nuestras necesidades.

Dios, en su Divina Providencia, conoce todas nuestras necesidades mejor que nosotros mismos y se ocupa de ellas.  Tener confianza en su Divina Providencia es  saber que todo está en sus Manos. 

CIC #301Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza”. 

Dios no quiere directamente ningún mal físico, entendido como privación de algún bien físico (por ejemplo, una enfermedad).  Tampoco quiere directamente ninguna carencia, como una privación injusta de la libertad, una situación económica difícil, pero permite estos llamados “males” y a partir de ellos obtener mayores bienes. 

Estos llamados “males” pueden resultar “bienes” cuando los aprovechamos como lo que son:  gracias de privación, de sufrimiento, de dolor, aún de purificación, para crecer en nuestra vida espiritual.

De allí que San Agustín enseñe:  “El Dios Omnipotente no habría permitido que hubiese mal en sus obras si no fuese tan Omnipotente y Bueno que consiga sacar bien del propio mal”.

Santa Catalina de Siena dice a "los que se escandalizan y se rebelan por lo que les sucede":  "Todo procede del amor, todo está ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada que no sea con este fin" (Diálogos 4, 138).

CIC #324  “La permisión divina del mal físico y del mal moral es un misterio... La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo, por caminos que nosotros sólo conoceremos plenamente en la vida eterna.

.       Entonces… ¿cómo ubicar el sufrimiento humano en todo este panorama? 

El testimonio de Santo Tomás Moro nos puede servir de premisa. Poco antes de su martirio, consuela a su hija: "Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor" (Carta de prisión; cf. Liturgia de las Horas, III, Oficio de lectura 22 junio).

El Catecismo aborda este problema de manera impactante, al darnos una información insólita:   con el sufrimiento es que somos verdaderos colaboradores de Dios. (!!!)  (CIC #307)

El Arzobispo Fulton Sheen dice en su auto-biografía que, al pronunciar Jesús en la Cruz al momento de morir “Todo está consumado”, estaba diciéndonos que ya El había dado todo por nuestra salvación.  Pero algo falta, porque San Pablo nos dice que completa en su carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo.  (Col 1, 24)

¿Qué es lo que falta? 

Falta el aporte de la Iglesia de Cristo, el aporte de todos nosotros.  Cada uno en mayor o menor grado, según la Providencia Divina y en uso de su libertad, colabora -a menudo de forma inconciente- en completar la acción redentora de Cristo cuando une sus sufrimientos a los del Señor. 

Unidos con la Iglesia recorremos
la senda que nos lleva hasta el Calvario,
llevando en nuestro cuerpo tus dolores,
sufriendo lo que aún no has completado.

El sufrimiento es un misterio.  Como todo misterio no es posible explicarlo satisfactoriamente.  Sólo lo comprenderemos después de esta vida.  Allá en la eternidad comprenderemos los planes de Dios mucho mejor que ahora.  Mientras tanto, confiemos en Dios.  El es el que sabe.

.       ¿Qué sentido tiene el sufrimiento?

El sufrimiento es como la poda que el jardinero hace a las plantas para que crezcan robustas, frondosas y den mejores frutos.  Así nos dice Jesucristo:  “Yo soy la Vid verdadera (es decir, la Planta) y Mi Padre es el Viñador (es decir, el Jardinero).  Yo soy la Vid y ustedes las ramas.  Si alguna de mis ramas no produce fruto, El la corta.  Y a toda rama que produce fruto El la limpia (es decir, la poda) para que dé más fruto”.  (Juan 15, 2)

Para seguir a Jesucristo es importante darnos cuenta que El no ha venido a traernos un mensaje de felicidad terrena, en que quede excluido el dolor, el sufrimiento y aun las lágrimas.   Jesús nunca prometió eso.   ¡Todo lo contrario!

Si revisamos los Evangelios, Jesús no nos prometió felicidad aquí en la tierra. ¡Al contrario! 

Felices los que lloran porque serán consolados (Mt 5, 4)

El que quiera seguirme que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. (Mc 8, 34)

Jesús ha venido más bien a tomar nuestro sufrimiento y a transformarlo en instrumento de salvación.  Perder de vista esto, es perder de vista algo esencial e inherente a nuestra condición cristiana. 

No tener esto en cuenta y comprenderlo así, es esquivar una muy importante señal de salvación:  la aceptación cristiana de sufrimiento.

A veces nos cuesta ver la mano de Dios en esas “podas”, en esas purificaciones, y no nos damos cuenta que son gracias.

¡Sí!  El sufrimiento, las adversidades, las purificaciones son gracias, gracias muy especiales.

La oración es medio indispensable para poder aceptar el sufrimiento y para poder percibir a Dios durante esas etapas de poda.  He aquí una oración que puede ser útil durante los momentos de sufrimiento:

ORACION
Señor, que yo pueda ver tu luz
en la oscuridad,

tu Amor en el sufrimiento,
y tu presencia en la adversidad.

Porque el sufrimiento humano es tan controversial, el Papa Juan Pablo II tocó el tema con frecuencia, sobre todo en sus visitas a los enfermos, a quienes exhortaba a ofrecer sus sufrimientos por el bien y la santificación propia y de los demás. 

Y temprano en su pontificado, en 1984, nos escribió su Encíclica Salvifici Doloris sobre el tema.  Allí nos dijo, basado en muchos textos de la Sagrada Escritura:  “Todo hombre tiene su participación en la redención.  Cada uno está llamado también a participar en ese sufrimiento por medio del cual se ha llevado a cabo la redención ... Llevando a efecto la redención mediante el sufrimiento, Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redención”  (JP II-SD #19).

Pero el Papa Juan Pablo II en esa Carta Apostólica Salvici Doloris va aún más lejos y nos dice que el sufrimiento se enmarca, además, dentro de la lucha entre las fuerzas del Bien y las del mal, y que nuestros sufrimientos, unidos a los de Cristo colaboran en el triunfo final de las fuerzas del Bien (cfr. SD, 26).

El sufrimiento, entonces, es un misterio, un misterio que se convierte en una invitación de Cristo a seguirle y a colaborar con El en la salvación del mundo y en el triunfo final de las fuerzas del Bien.

3.  HACER LO QUE CREEMOS
NOS PIDE:

Este es el aspecto de la Voluntad de Dios que es más difícil discernir y constatar.

Pero San Ignacio de Loyola nos ha dejado unos criterios que ayudan a discernir en la toma de decisiones, teniendo en cuenta lo que Dios quiere de nosotros.  San Ignacio da luces para discernir lo que Dios nos puede estar pidiendo en algún momento crucial de nuestra vida y también para otras decisiones tal vez menos importantes que debemos tomar día a día.

He aquí estos criterios de discernimiento espiritual que nos da San Ignacio:

.       Convicción espiritual fuera de toda duda: 

A veces es muy claro qué nos está pidiendo Dios, porque El mismo nos da una convicción muy clara, sin duda, de lo que debemos hacer.  Y, además, el pensar eso que haremos nos da una gran paz espiritual.

.      Atracción espiritual en consuelo, gozo, paz:

Lo que estamos por decidir nos viene con una atracción espiritual especial, que nos da consuelo, paz e inclusive puede estar acompañado de un gozo espiritual especial.

.       Método de las columnas:

Cuando la decisión a tomar no se ve muy clara, ni acompañada de un consuelo espiritual evidente, San Ignacio recomienda recurrir al método de las columnas.

Consiste este método en pedir la iluminación del Espíritu Santo y examinar los pros y los contras de una decisión, pero ¡OJO! no de acuerdo a mis gustos y preferencias, sino de acuerdo a:

1º.    lo que da mayor gloria a Dios

2º.  lo que más conviene para mi salvación

Cuando es una sola opción, se responden estas preguntas:

¿Por qué debo hacer esto?
         ¿Por qué no debo hacer esto?

Si hay varias alternativas:

         ¿Por qué debo hacer la primera opción?
         ¿Por qué debo hacer la segunda opción?
         ¿Por qué debo descartar la primera opción?
         ¿Por qué debo descartar la segunda opción?

Al usar este recurso, a veces hasta mentalmente u oralmente se ve clara cuál alternativa da mayor gloria a Dios y es más beneficiosa para la salvación.  Pero a veces puede ser necesario verlas escritas.

San Pablo explica cómo enfocar una decisión:
Que sea para la gloria de Dios
y el bien de los demás.

Todo lo que hagan ustedes, sea comer, o beber, o cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.   Por mi parte, yo procuro dar gusto a todos en todo, sin buscar mi propio interés, sino el de los demás, para que se salven. (1 Cor. 10, 31-11,1)

San Pablo nos habla de la obligación que tiene todo cristiano de hacer todo “para la gloria de Dios”;  es decir, pensando antes de actuar si lo que hacemos, cualquier cosa que hagamos, desde comer y beber, es para dar gloria a Dios. 

Asimismo nos recuerda en qué consiste la caridad cristiana:  complacer a los demás (dar gusto a todos en todo) y buscar el interés de  los demás ... y no el propio interés.

Pero ese “dar gusto” y ese “buscar el interés de los demás” tiene una finalidad muy específica.  No se trata de complacer por complacer cualquier capricho, ni buscar satisfacer el interés egoísta de los demás, sino que queda muy, muy claro cuál es ese interés que debe perseguir quien quiere ser imitador de Cristo, como lo fue San Pablo.  Lo dice muy claramente:  “sin buscar mi propio interés, sino el de los demás, para que se salven”.

Es decir, el servir a los demás, el buscar el interés de los demás, debe tener como finalidad la búsqueda de su mayor bien, que es la salvación eterna.  Esto debe tenerse siempre en cuenta, pues de otra manera, más bien podemos hacer daño a la salvación eterna de los demás, si lo que buscamos es complacer por complacer o por ser apreciados y queridos.

En Misa, en el Orad Hermanos se pide que nuestra entrega sea
para gloria de Dios, bien propio y de la Iglesia toda.

Te entrego mi ENTENDIMIENTO
para que esté libre de orgullo
y lleno de tu sabiduría,

y mis discernimientos sean los tuyos.

Te entrego mi VOLUNTAD
para que se una a la tuya
y mis decisiones sean las tuyas.

.       Entonces ¿cómo debe ser nuestro sí a la Voluntad de Dios?

Como el de la Santísima Virgen María.  Nuestro sí debe ser constante y permanente.  Un como el de María es lo que nos consigue la perseverancia final que nos lleva a la salvación eterna.

No basta decir sí una vez.  El Sí que le damos al Señor debe ser constante y permanente.  

Hay que dar el sí de una vez por todas, y ese sí inicial hay que reiterarlo en cada oportunidad, sea fácil o difícil la situación que nos toque vivir, sea en la alegría o en el sufrimiento. 

Es decir, para vivir en la Voluntad de Dios se requiere constancia y perseverancia hasta el final.  No basta ser fieles por un tiempo, sino todo el tiempo y hasta el final, pues nos dice el Señor:  “El que se mantenga firme hasta el final, se salvará” (Mc. 13, 13).

 

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