Cómo ser salvo?

SEÑALES EN EL CAMINO
DE SALVACIÓN

6 Señal
Amor al prójimo

12.3. ¿Cómo compartir nuestra Fe?

Hay muchas maneras naturales o espontáneas de compartir la buena noticia de Jesucristo con los demás.

Si de veras estuviéramos conscientes de la urgencia de la evangelización, estaríamos alerta a algunas oportunidades que no se deben dejar pasar.  Cuando  estamos en esa actitud militante, podremos ver las oportunidades que se nos presentan.

Veamos algunas oportunidades:

       A veces sabemos de charlas, retiros, eventos, en que se va a dar de manera ortodoxa, dinámica, creativa algún mensaje relacionado con la Fe y el Evangelio.  Y decimos: eso ya yo lo sé.  Y pudiera ser cierto.  Pero ¿por qué no pensar en invitar a alguien para que venga con nosotros a ese evento y aprovechar esa oportunidad de evangelización que se presenta?

.        Oímos un CD o vimos un video o un youTube o leímos un libro o un artículo que era bueno para inspirar un cambio, para entusiasmar a buscar la verdadera fe.  ¿Por qué no se lo facilitamos a alguien y luego le pedimos su opinión o a lo mejor lo vemos juntos?

.       Re enviar los mensajes de texto que se envían cada semana y que guían al receptor a www.buenanueva.net

.       Recomendar las wp’s según se presente la oportunidad.

.       Re enviar los artículos relacionados con las lecturas de cada semana.

       Re enviar los artículos que se envían sobre algunos temas eclesiales.

Sin atropellar, ni molestar, hay que estar como un buen vendedor:  en permanente actitud de venta.  Debemos aprender a compartir nuestro testimonio, cuando se presenten las oportunidades.

Importancia del testimonio personal:

El problema es que la mayoría no hemos pensado mucho en cómo es que Dios ha actuado en nuestras vidas. 

Se trata de meditar y reflexionar en esto.  ¿Tuve un momento de conversión repentina, rápida y profunda?  Ese tipo de testimonio es más fácil de ubicar y de comentar.  Pero Dios ha actuado en todos y cada uno de nosotros. 

Entonces tenemos que pensar en lo que Dios ha hecho en mi vida.  Cómo mejor comunicar esa historia breve a un ateo, a un agnóstico y –muy especialmente- a un católico alejado.

¿Por qué los Evangélicos, los Mormones, los Testigos de Jehová, aún los anti-teístas de hoy en día, siempre saben cómo comunicar su fe –incompleta o errada, su error, su herejía?  Porque tienen un guión preparado.

Y lo peor es que nosotros los católicos no sólo no tenemos nuestro guión, sino que estamos como venaditos indefensos esperando que nos vacíen todos esos errores o medias verdades, sin nosotros poder siquiera responder, la mayoría de las veces.

¿No creen que sería conveniente que cada uno de nosotros tuviera su guión o varios guiones, según la circunstancia?   Una cosa breve de unos 5 minutos o menos.  Lo que se nos presentará con más frecuencia serán católicos alejados que hay que atraer para que regresen, pero podríamos tener ante nosotros algún otro tipo de creyente o no creyente.
(Tarea de vacaciones)

Ya decía el Vaticano II que el centro de la evangelización incluye el hablar de Jesús con palabras y también con el ejemplo de nuestra vida.   Que la idea es ayudar a que lleguen a la fe las personas que no tiene fe.  O que la fe crezca en los que la tienen para que lleguen a ser verdaderos discípulos de Cristo (discípulos-misioneros como nos llama el Papa Francisco). 

Y para esto es muy importante el testimonio personal, dado en forma comprensible para cualquier tipo interlocutor que se nos presente.

Somos pescadores de hombres, ¿no?  Estamos tratando de llevar a la gente a que tenga o vuelva a tener una relación con Jesucristo, mediante la fe y el arrepentimiento.

OJO:  no podemos comenzar con el arrepentimiento, pero en algún momento eso, que es fundamental, llegará.  Y también la Confesión sacramental.  Esto es importante sobre todo si la persona está en pecado evidente.  Pero hay que pedir al Espíritu Santo para guiar al pecador con suavidad, comprensión, con firmeza, pero con dulzura.

Oración de Intercesión en la evangelización

Como lo que está en juego es la salvación eterna, hay que usar todos los medios que tenemos a disposición.  Y uno que no podemos olvidar es la oración de intercesión.

Esta oración puede ser personal.  Pero también puede ser mandando a decir Misas por la conversión de las personas.

Y esta intercesión pudiera incluir penitencia y sacrificios, ayunos, porque “hay demonios que no salen sino con ayuno y oración”. (Mt 17, 21)

Y no hay que perder la esperanza, sobre todo con los miembros de la familia, que son casi los últimos en convertirse.  Seguir orando y ofreciendo penitencias, aunque no se vean los resultados.

Entonces, sea al compartir el testimonio personal, al prestar o regalar un libro, sea invitando a alguien a un evento espiritual, apoyado esto siempre por la oración y el sacrificio, hemos de notar que Dios nos está concediendo el privilegio (¡es un privilegio!) de participar en la misión salvadora de su Hijo Jesucristo, para salvar a aquéllos que de otra forma podrían perderse.

Puede ser conveniente afrontar de una vez el temor a dar el testimonio.  Ver su origen:  ¿temor al ridículo, al compromiso, al rechazo, a la opinión del interlocutor, a que crean que eres fanático?  Pero … ¿te vas a avergonzar de Jesús? 

Yo les aseguro: Si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la Gloria de su Padre rodeado de sus santos ángeles. (Mc 8, 38)

Y, en cuanto al posible rechazo, ¿cuál es el problema?  ¿Imagen, orgullo, vanidad?  ¿Quién fue el más injustamente rechazado de la historia?  ¿No fue el mismo Jesús?  Fue condenado por blasfemo, por estar del lado de Satanás, por alebrestador del pueblo, por insolvente con los impuestos, etc.?  Y Jesús siguió hasta el monte del sacrificio y hasta derramar su última gota de sangre por cada uno de nosotros y de aquéllos que pudieran ser salvados para que Dios nos use como instrumentos.

Unos oirán.  Otros reaccionarán o no. U otros se alejarán después de haberse convertido y después volverán.  Otros se alejarán y no volverán.  Pero el evangelizador está tranquilo porque ha cumplido con el llamado de Cristo y de la Iglesia. No importa el resultado

Ya lo anunció Jesús en la Parábola del Sembrador:  unas semillas caen en terreno pedregoso y no germinan.  Otras crecen entre las zarzas del mundo y éstas las ahogan.  Otros tendrán raíces poco profundas y no sobrevivirán.  Pero otros cuantos darán fruto:  unos 20, otros 30 y otros el 100 por ciento.  Los resultados no nos importan.  Lo que nos importa es saber si hemos cumplido. 

Si le digo al malvado: ¡Vas a morir! y si tú no se lo adviertes, si no hablas de tal manera que ese malvado deje su mala conducta y así salve su vida, ese malvado morirá debido a su falta, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.  En cambio, si se lo adviertes al malvado y él no quiera renunciar a su maldad y a su mala conducta, morirá debido a su falta, pero tú habrás salvado tu vida.  (Ez 3, 18-19)

Esto que le dijo el Señor al profeta Jeremias muestra cuán grave es nuestranuestra responsabilidad ante Dios para con las personas a quien El quiere salvar con nuestra participación.  ¿Aceptamos el reto?

Aún los católicos practicantes y piadosos pueden estar requiriendo una nueva conversión, de manera que puedan llenarse más de Dios y puedan mostrar su amor al prójimo, ayudando a realizar la Nueva Evangelización.


Un nuevo Pentecostés

Desde hace más de 60 años se ha estado pidiendo en la Iglesia un nuevo Pentecostés.  Y para esto, el Espíritu Santo puede enviar sus Carismas (ver Carismas en Salvación #2), los cuales manda para auxiliarnos en la Nueva Evangelización.  Eso puede suceder:  podrían manifestarse los Carismas como auxilio a la evangelización.

Pero más importante que los Carismas es que todos tengamos una relación personal con Dios mismo, una relación real, viva, sensible o no, con carismas o no, según El nos la quiera dar. 

Una relación que se da y crece en el contacto con El, a través de una oración sincera.  Una relación que no puede menos que desparramarse hacia los demás porque quedarán atraídos con los frutos del Espíritu Santo que necesariamente irán creciendo en nuestra relación con Dios.

¿Cómo se da nuestra salvación?

 La salvación no es algo que logramos nosotros mismos. 

OJO: la salvación es un regalo que, sin merecimiento alguno de nuestra parte, recibimos gratuitamente de Jesucristo.

Por tanto debemos recibir la salvación en humildad y agradecimiento profundos.

Hemos sido salvados por el sacrificio de Jesús muriendo en la Cruz y por su gloriosa Resurrección, su Ascensión al Cielo y la venida del Espíritu Santo.

¡Tanto amó Dios al mundo! Le dio su Hijo Único, para que quien cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna.(Jn 3, 16)

En eso consiste el mensaje de salvación del Evangelio y que debemos comunicar en nuestro testimonio de vida.

Pero a la gracia de la salvación realizada por Jesucristo debemos responder con nuestras obras:  oración, santidad, buenas acciones, obras de misericordia, servicio en amor, obras, a favor de la justicia y la paz, así como la evangelización.

Pero siempre recordando que nuestras obras,  que son esa respuesta nuestra a la gracia divina sólo son posibles también por medio de la gracia.  Nuestra respuesta en obras es también don de Dios, porque el deseo y la posibilidad de realizarlas también vienen de Dios, para que nadie se equivoque (y de paso peque) creyendo que es muy capaz de ser santo por sí solo.


¿Qué hacer, entonces, cuando alguien no quiera recibir el mensaje de salvación?

Seguimos amando a esa persona, orando por ella, sin abandonarla, sino esperando otro momento oportuno o las preguntas que pueda formular para responderlas, haciéndola sentir segura de nuestro amor y cuido.

Sin embargo, es importante que reciba la señal de que nuestra actitud amorosa no puede significar el consentir en conductas reñidas con Dios.

La predicación no es siempre fácil y a veces duele.  Duele cuando alguno quiere seguir en el camino ancho de la perdición.  Pero podría doler también cuando veamos los medios que Dios a veces tiene que usar para que el pecador responda al llamado de conversión. 

Pero recordemos esto que el Señor señaló:   ¿cómo será la alegría en el Cielo cuando un pecador al fin se convierte?


ORACION
Un niño se te acercó aquella tarde,
sus cinco panes te dio para ayudarte;
 los dos hicieron que ya no hubiera hambre.

 También yo quiero poner sobre tu mesa
 mis cinco panes que son una promesa
 de darte todo mi amor y mi pobreza.

(versos del canto popular-litúrgico que resume en sencilla poesía la generosidad del chico en la multiplicación de los panes )

 

ORACION
Enséñame a amar como Tú amas, Señor.
Que pueda amar a los demás
 como Tú me amas a mí
y como Tú los amas a ellos.

ORACION
Enséñame a amar como Tú amas, Señor.
Que pueda amar a los demás
 como Tú me amas a mí
y como Tú los amas a ellos.

 

7ª Señal
Amor a
la Sagrada Eucaristía
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