Cómo ser salvo?

SEÑALES EN EL CAMINO
DE SALVACIÓN

9ª Señal
Amor, aprecio y obediencia
a la Iglesia


 18.   La Palabra de Dios


La Biblia es Palabra inspirada, es PALABRA DE DIOS, pero está también basada en la historia.

La Palabra de Dios, el contenido de la Biblia, no nos viene de una narración mitológica, no son fábulas.  Está enraizada en la historia.  La Biblia nos cuenta hechos reales y nos habla de personas y sitios reales, que pueden ser comprobados históricamente, arqueológicamente, geográficamente. 

Inclusive el relato quizá más controversial en la Biblia, que es el de la Creación, ya no puede ser descartado como un mito, pues la existencia de Adán y Eva, como personas individuales, puede ser comprobada científicamente hoy en día por las investigaciones del ADN. 

¿Cómo es esto posible?  Al seguir la línea genealógica por vía materna de cada persona el un árbol genealógico de toda la humanidad, la “Eva mitocondrial” correspondería a un antepasado femenino común que tienen todos los seres humanos. 

Lo mismo han descubierto con la línea masculina, pues así como las mitocondrias se heredan por vía materna, los cromosomas Y  se heredan por vía paterna.  Por lo tanto es válido aplicar los mismos principios a éstos.  El ancestro común por vía paterna ha sido apodado “Adán cromosómico”. 

Inclusive han descubierto disparidad en el tiempo de la existencia de ambos ancestros, ya que piensan que el Adán Cromosómico existió antes que la Eva mitocondrial y probablemente hayan vivido cerca del mismo período de tiempo.

Ciertamente hay lenguaje simbólico en el Génesis usado para comunicar hechos que realmente sucedieron, pero las narraciones populares incluidas en la Sagrada Escritura, no pueden compararse con las mitologías u otras narraciones semejantes. 

El lenguaje simbólico en el Génesis es usado para comunicar hechos que realmente sucedieron.

La historia no siempre se ha contado como hoy en día.  En la antigüedad, usaban poesía y relación de eventos.  El Papa Juan Pablo II dijo en una de sus catequesis que el Génesis adapta ciertas figures míticas y les otorga verdadero significado.  Esto no les quita su carácter histórico, sino que muestra que la historia puede relatarse de maneras distintas a como lo hacen los historiadores actuales. 

Es decir que el escritor sagrado pudo haber adaptado algunas figuras míticas y las cargó de verdadero significado para exponer los hechos históricos. 

Es la historia narrada de una manera en que no lo harían los historiadores modernos.  Esto no cambia la historia, sino que indica que la forma como los hebreos contaban la historia es diferente a la manera en que narra actualmente. 

Y ¡ojo! :  Además hay que recordar que esta adaptación contaba con la inspiración del Espíritu Santo.

La verdad revelada es real.  Está enraizada en la historia.  Es verificable. Dios se hace presente en la historia humana de manera real. 

Cuando leemos en la Biblia que Dios hizo tal cosa o que Jesús caminó por tal sitio, o que sucedió tal cosa, estamos seguros de que así fue. 

Es un hecho que, a pesar de todas las destrucciones que ha habido en Tierra Santa, los tesoros arqueológicos que se han conservado confirman lo que está en la Sagrada Escritura.

.       La Palabra de Dios en el Catecismo:

Veamos que nos dice de la Palabra de Dios el Catecismo de la Iglesia Católica -que por cierto forma parte muy importante del tercer punto de apoyo (Magisterio de la Iglesia):

En la sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza (cf. DV 24), porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente:  la Palabra de Dios (cf. 1 Ts 2,13). «En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos» (DV 21).  (CIC #104)

Dios es el autor de la Sagrada Escritura. «Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo».  (CIC #105)

«Las sagradas Escritura contienen la Palabra de Dios y, porque están inspiradas, son realmente Palabra de Dios» (DV 24). (CIC #135)

«La santa madre Iglesia, según la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia« (DV 11). (CIC #105)

Dios ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados.  «En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería» (DV 11). (CIC #106)

Dios es el autor de la sagrada Escritura porque inspira a sus autores humanos: actúa en ellos y por ellos. Da así la seguridad de que sus escritos enseñan sin error la verdad salvífica (cf. DV 11). (CIC #136)

Los libros inspirados enseñan la verdad. «Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra» (DV 11). (CIC #107)

«Toda la Escritura divina es un libro y este libro es Cristo, porque toda la Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina se cumple en Cristo» (Hugo de San Víctor, De arca Noe 2 ,8: PL 176, 642C; cf. Ibíd., 2, 9: PL 176, 642-643). (CIC #134)
               
        La Iglesia recibe y venera como inspirados los cuarenta y seis libros del Antiguo Testamento y los veintisiete del Nuevo. (CIC #135)

Sin embargo, la fe cristiana no es una «religión del Libro». El cristianismo es la religión de la «Palabra» de Dios, «no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo» (San Bernardo de Claraval, Homilia super missus est, 4,11: PL 183, 86B).  Para que las Escrituras no queden en letra muerta, es preciso que Cristo, Palabra eterna del Dios vivo, por el Espíritu Santo, nos abra el espíritu a la inteligencia de las mismas (cf. Lc 24, 45). (CIC #108)

"¡Comprende, pues, que tú no puedes meterte en las Sagradas Escrituras sin tener un guía que te enseñe el camino!"  (San Jerónimo (347-420), sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia Carta 53, a San Paulino, obispo de Nola)

.       La Palabra de Dios explicada a los discípulos de Emaús:

.       ¿Qué significará esto que nos dice el Catecismo de que es necesario “el Espíritu Santo, nos abra el espíritu a la inteligencia de las mismas”?

Recordemos el pasaje de los Discípulos de Emaús del Evangelio de San Lucas.  Estos dos discípulos, muy cercanos a Jesús, no entendían lo que había sucedido con la Crucifixión y muerte del Maestro, y regresaban descorazonados a sus casas a unos 11 Km. de Jerusalén.  Jesús se les aparece por el camino disimuladamente.  Ellos no lo reconocen, pero le confían su desánimo por lo sucedido en Jerusalén.

Lc 24
25. Entonces Él les dijo: «¡Qué poco entienden ustedes, y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas!
26. ¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?»
27. Y les interpretó lo que se decía de El en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y luego todos los profetas,
28. Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante,
29. pero ellos le insistieron diciendo: «Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día.» Entró, pues, para quedarse con ellos.
30. Y esto sucedió. Mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio,
31. y en ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero ya había desaparecido.
32. Entonces se dijeron el uno al otro: «¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Mientras escuchaban a Jesús, el corazón de estos hombres se emocionaba e iban entendiendo lo que les explicaba.  Y al recibir a Cristo en la Eucaristía, pudieron reconocerlo y pudieron creer que realmente había resucitado.

Los de Emaús regresaron de inmediato Jerusalén a contar lo que les había sucedido.  Y en ese preciso momento, cuando estaban Apóstoles y discípulos reunidos, refiriendo sus testimonios, Jesús se les apareció diciéndoles:  “Paz a vosotros”.  Es cuando se asustan creyendo que es un espíritu, y para tranquilizarlos Jesús les pide algo de comer, lo cual hace delante de ellos.  Y les explica así:

Lc 24:
44. Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos referente a mí.»
45. Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras.
46. Les dijo: «Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día.

Entonces, siguiendo a los discípulos de Emaús, para nosotros escuchar a Jesús y entender lo que nos quiere enseñar, debemos:

. Buscarlo primeramente en su Palabra contenida en la Biblia y en las lecturas de cada domingo.

. Además, recibirlo con frecuencia en la Sagrada Eucaristía.

Y para reconocerlo cuando se nos acerca en nuestro camino, debemos estar en sintonía con El, sobre todo a través de la oración. 

La oración nos abre los ojos para comprender las Escrituras, internalizarlas y hacerlas vida en nosotros.   La oración nos cura del “síndrome de Emaús”.

Lc 24:
33. De inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo.
34. Estos les dijeron: «Es verdad. El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.»
35. Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
36. Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús estuvo en medio de ellos (y les dijo: «Paz a ustedes.»)
37. Quedaron atónitos y asustados, pensando que veían algún espíritu,
38. pero El les dijo: «¿Por qué se desconciertan? ¿Cómo se les ocurre pensar eso?
39. Miren mis manos y mis pies: soy Yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos como ustedes ven que Yo tengo.»
40. (Y dicho esto les mostró las manos y los pies).
41. Y como no acababan de creerlo por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?»
42. Ellos, entonces, Le ofrecieron un pedazo de pescado asado (y una porción de miel);
43. lo tomó y lo comió delante ellos.
44. Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos referente a Mí.»
45. Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras.

Nosotros también necesitamos tener la mente abierta para entender las Escrituras y poder saborearlas y hacerlas vida. Y Dios nos abre la mente para comprender su Palabra, especialmente a través de la oración.

 

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